Una forma de organizar los vicios consiste, desde el punto de vista del Catolicismo, en contrastarlos con la virtud. Una virtud puede corromperse a través de la falta de uso, el mal uso o el exceso de uso. Por consiguiente, los vicios cardinales son: la lujuria (lo opuesto de la templanza o continencia o moderación); la cobardía (lo contrario del valor), la locura o insensatez (lo contrario de la sabiduría) y la venalidad o corruptibilidad (lo contrario de justicia).